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jueves, 8 de diciembre de 2011

LEÓN (SPAIN)


LEÓN (Spain). Nevada

Esto, aunque no lo parezca, es un parque de León; y es que en esta ciudad, casi todos los años, disfrutamos de una -o varias- señora nevada.

El cielo se pone de un color gris plomizo y ves, allí a lo lejos, que barrunta nieve. Empieza a nevar y es un placer ver caer los copos tras la ventana, al calor del hogar, pero con la certeza de que al día siguiente costará llegar al trabajo.

Y al día siguiente te levantas, por lo menos, media hora antes. Tienes que quitar la nieve de la rampa y, aún así, no garantizas que puedas sacar el coche.

Lo más seguro, lo que ya llevo haciendo unos años es, en lugar de sacar el coche, saco las botas de montaña, me enfundo una buena bufanda, unos guantes, meto los zapatos de pitiminí en una bolsa, cojo el bolso y la bolsa y echo a andar camino de mi trabajo.

Unas dos horas, mínimo, me cuesta la aventura.

Y no penséis que es cosa fácil. Sube y baja cuestas; sortea aceras que no ves y pisa por donde antes otros hicieron camino, eso es lo más seguro para no caerse. Y todo esto caminando como si fueras un patito, subiendo y arrastrando los pies por una capa de nieve que te llega hasta media pierna. ¡No! ¡No exagero!. Aquí, en León, las nevadas son así y duran varios días.

El primer día la ciudad, el campo, todo ... está precioso. Con esa blancura azulada que da la nieve. El primer día también, pero ya avanzada la mañana, las zonas de paso empiezan a no estar tan bellas. Los coches lo manchan todo y la blanca nieve se convierte en negra masa que sorteas.

A partír de ahí, y con la primera helada nocturna, tras la que la nieve,  o la negra masa, ya se ha helado y es imposible caminar, empiezas a no ver ya la belleza sino la falta de previsión y organización administrativa para afrontar un hecho que no es casual, ni inusual ni aislado, pero que, pese a todo, no puede paliarse para facilitar la vida de los ciudadanos.

Pero, aún así, seguiremos diciendo que la nieve embellece nuestra ciudad durante una larga temporada, trae ilusión a niños y mayores y nos hace sentir que el espíritu de la Navidad se ha trasladado a vivir de manera permanente entre nosotros.

domingo, 13 de noviembre de 2011

AIRES DE NAVIDAD

Sólo ayer celebrabamos la Navidad. Mañana, sin embargo, estará de nuevo con nosotros. Sólo hay que pasear por las calles de nuestras ciudades, mirar los escaparates y ver que los aires navideños se cuelan, pasito a pasito, dentro de nuestras vidas. La Navidad, ese tiempo de paz y de amor, trae consigo el fin de otro año, el fin de un poquito más del tiempo de nuestras vidas.

Aires que traen consigo momentos de acuerdos y desacuerdos, reencuentros y desencuentros. Palabras y silencios. A partir de ahora, poquito a poco, igual que los aires que nos la traen, cada hogar abrirá su particular caja de Pandora.

En esta caja pesarán mas los silencios que las palabras y todo porque, una vez más, podamos departir en la mesa con quieres amamos, a pesar del dolor de algunas palabras.

Haremos del olvido una actitud y de la tolerancia una virtud. Con fecha de caducidad, por supuesto, porque necesitamos de otros largos 11 meses para volver a recordar que la tolerancia existe y que deseamos compartir plato y cubierto con gentes que sólo vemos por Navidad.

Con fecha de caducidad y vida corta porque, a pesar de todo, de las luces, de la música, de la alegría callejera, del color ... nosotros seguiremos siendo incapaces de mantener, día tras día, el espíritu de la navidad en nuestras vidas.
Soledalia